En Portugal, un creciente número de personas está participando en prácticas que simulan exorcismos fuera del ámbito de la Iglesia Católica oficial, generando preocupación en las autoridades eclesiásticas. Estos rituales, a menudo realizados por individuos sin formación religiosa formal, implican la simulación de la liberación de espíritus malignos. Testigos han documentado escenas donde participantes caen al suelo tras la imposición de manos por parte de personas disfrazadas de sacerdotes. La Iglesia Católica ha expresado su inquietud por la posible explotación de la vulnerabilidad emocional de los participantes y la falta de control sobre estas prácticas. Las autoridades religiosas advierten sobre los riesgos asociados a estas actividades no reguladas y enfatizan la importancia de buscar ayuda espiritual dentro de los canales oficiales de la Iglesia. Se desconoce el alcance total de este fenómeno, pero su creciente visibilidad ha llamado la atención de los medios y las autoridades.
