Portugal se encuentra entre los países europeos con mayor riesgo de agotamiento laboral, una situación que genera importantes costos económicos. Según datos recientes, el burnout laboral le cuesta al país aproximadamente 5.300 millones de euros anuales. Esta problemática pone de manifiesto la creciente presión sobre la salud mental de los trabajadores portugueses. Expertos cuestionan si la atención a la salud mental debe considerarse un lujo o una necesidad básica en el contexto actual. La situación exige una reflexión sobre las políticas laborales y de salud pública para abordar este desafío. Se busca promover entornos laborales más saludables y accesibles servicios de apoyo psicológico para prevenir y tratar el agotamiento profesional. El debate se centra en la necesidad de priorizar el bienestar de los trabajadores para garantizar la productividad y el desarrollo económico sostenible.
