El Papa Leo XIV sufrió un contratiempo logístico durante su estancia en las Islas Canarias. Debido a un problema con el avión que debía transportarlo, el pontífice se vio obligado a prolongar su visita más de lo previsto. Ante esta situación, el Rey intervino para brindar el apoyo necesario y facilitar el traslado del líder religioso. El incidente provocó un cambio inesperado en la agenda oficial del Vaticano. Ambas figuras mantuvieron un encuentro cercano mientras se resolvía la complicación del transporte. Finalmente, la gestión real permitió que el Papa pudiera retomar su viaje. El episodio ha destacado la cooperación entre ambas monarquías y la Iglesia.