El número de fallecidos por el terremoto de magnitud 7.8 que sacudió el sur de Mindanao, Filipinas, ha superado los 40. Miles de personas han sido desplazadas y más de 450 resultaron heridas. Equipos médicos atienden a los afectados en carpas improvisadas debido a la falta de infraestructura, incluyendo a una mujer que dio a luz en estas condiciones precarias. Varias localidades permanecen aisladas, dificultando las labores de rescate y la entrega de ayuda humanitaria. Las autoridades filipinas evalúan los daños y buscan supervivientes entre los escombros. La situación se complica por las altas temperaturas, que dificultan la atención médica y las condiciones de vida de los damnificados.