El peso filipino cayó a un nuevo mínimo histórico el jueves, superando la barrera de las 63 unidades por cada dólar estadounidense. Esta depreciación se produce en un contexto de crecientes tensiones en Oriente Medio, lo que ha impulsado la demanda de dólares como refugio seguro. La moneda filipina ha estado bajo presión durante meses debido a factores como el aumento de las importaciones y la inflación global. Analistas señalan que la intervención del Bangko Sentral ng Pilipinas (BSP) ha sido limitada hasta el momento. Se espera que la volatilidad continúe mientras persisten las incertidumbres geopolíticas. Esta situación podría tener implicaciones para la economía de Filipinas, especialmente en lo que respecta al costo de las importaciones y la deuda externa.

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