La industria farmacéutica está mostrando un creciente interés en el ámbito de la salud mental, tradicionalmente considerado un sector de alto riesgo. La mayoría de los fármacos actualmente disponibles para tratar condiciones como la depresión, la bipolaridad y la esquizofrenia fueron desarrollados hace décadas. Este renovado enfoque sugiere una búsqueda de nuevas oportunidades de mercado en un campo con necesidades médicas no cubiertas. La falta de innovación reciente en tratamientos para estas enfermedades ha impulsado la exploración de nuevas terapias y compuestos. Se anticipa una inversión significativa en investigación y desarrollo en este sector. Este interés plantea interrogantes sobre el acceso asequible a los nuevos tratamientos y la priorización de la innovación en salud mental.