El sistema de defensa aérea Patriot, utilizado por primera vez en la Guerra del Golfo de 1991, experimenta una demanda sin precedentes. Esta alta demanda se debe principalmente a la guerra en Ucrania y al conflicto en expansión en Medio Oriente, agotando las reservas de interceptores a nivel mundial. Ucrania necesita urgentemente más interceptores Patriot para defenderse de los ataques balísticos rusos nocturnos. Sin embargo, la guerra en Irán ha reducido los arsenales de Estados Unidos y de los países del Golfo. Algunos países europeos también están reteniendo sus misiles, anticipando posibles necesidades de defensa propias, lo que complica aún más la situación. La escasez global plantea interrogantes sobre la capacidad de respuesta ante futuras amenazas.