Debido a una intensa ola de calor, las autoridades parisinas han prohibido la venta y el consumo de alcohol en espacios públicos. La medida busca aliviar la presión sobre los hospitales de la región, que se encuentran saturados. La policía justificó la decisión argumentando que el alcohol puede agravar los efectos del calor y aumentar la necesidad de atención médica. La prohibición afecta tanto a establecimientos comerciales como a la venta ambulante. Se desconoce por el momento la duración de la restricción, que se evaluará en función de la evolución de la situación climática y la capacidad de los centros hospitalarios. Las autoridades recomiendan a la población extremar las precauciones para evitar golpes de calor y deshidratación.