Daoud Nassar, un agricultor palestino cerca de Belén, lleva 35 años luchando legalmente para mantener la propiedad de su granja familiar de 42 hectáreas. La tierra, adquirida hace más de un siglo, está ubicada en la Zona C de la Cisjordania ocupada, controlada por Israel, donde la expansión de asentamientos israelíes es una preocupación creciente. A pesar de poseer documentos de propiedad que datan de las autoridades otomanas, el mandato británico y la administración jordana, las autoridades israelíes declararon la tierra como propiedad estatal en 1991. Nassar se enfrenta a la dificultad de que sus títulos de propiedad sean reconocidos por Israel, sintiéndose como un refugiado en su propia tierra. Su caso es emblemático de la creciente apropiación de tierras palestinas por parte de Israel, según organizaciones de derechos humanos y la ONU. El abogado de Nassar señala que el problema radica en la falta de registro formal de tierras por parte de muchos palestinos y las políticas que dificultan la obtención de derechos de propiedad.

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