Pakistán enfrenta una grave escasez de agua que impacta a aproximadamente un tercio de su población, particularmente en las provincias de Sindh y Baluchistán. Esta crisis se ha intensificado tras la suspensión, por parte de India, del Tratado del Indo el año pasado, en respuesta a ataques terroristas. La falta de agua afecta significativamente los canales de riego, generando déficits importantes para la agricultura. La situación ha provocado disputas políticas debido a acusaciones de distribución desigual de los recursos hídricos. Los agricultores se ven perjudicados por las dificultades para el cultivo. El problema expone las deficiencias en la gestión del agua en Pakistán y sus vulnerabilidades ante factores externos.