Pakistán ha confirmado haber realizado ataques aéreos y operaciones terrestres en el este de Afganistán, alegando haber neutralizado a 25 militantes. La acción, según Islamabad, fue una represalia por recientes ataques mortales, incluyendo el asesinato de miembros de las fuerzas paramilitares en Karachi. El gobierno pakistaní afirma que los objetivos eran grupos militantes vinculados a la violencia transfronteriza. Sin embargo, Kabul ha condenado los ataques, denunciando la muerte de civiles como consecuencia de las operaciones. La respuesta afgana cuestiona la justificación pakistaní y exige el cese de las acciones militares en su territorio. Este incidente agrava las ya tensas relaciones entre ambos países, marcadas por acusaciones mutuas de apoyo a grupos insurgentes. La situación plantea preocupaciones sobre la estabilidad regional y la seguridad fronteriza.