La publicación de un informe reciente revela una alarmante disparidad en el gasto público en Pakistán, donde los gastos militares superan significativamente las inversiones en educación y salud. Esta brecha, junto con políticas económicas que favorecen a las élites, intensifica una guerra de clases ya existente. El artículo de *Dawn* denuncia la concentración de la riqueza en manos de unos pocos mientras la mayoría de la población de Pakistán lucha contra la inflación y la pobreza. La creciente polarización política exacerba esta situación, impidiendo reformas significativas. El autor argumenta que esta desigualdad sistemática es una forma de violencia estructural que afecta desproporcionadamente a los grupos más vulnerables. El artículo concluye que, sin un cambio fundamental en las prioridades del gobierno y una distribución más equitativa de los recursos, la situación en Pakistán solo empeorará, generando mayor inestabilidad y descontento social.