Tras años de abandono y deterioro, el Ayuntamiento de Oslo ha decidido renunciar a la restauración del imponente edificio. La administración local ha anunciado su intención de deshacerse de la propiedad, marcando un punto final a los esfuerzos previos para su conservación. La edificación, que alguna vez fue un símbolo de prestigio, ha sufrido un progresivo declive debido a la falta de mantenimiento. Esta decisión refleja la dificultad de la ciudad para hacer frente a los costes de rehabilitación de edificios históricos. La medida ha generado debate sobre la preservación del patrimonio arquitectónico en Oslo. El futuro del edificio permanece incierto, aunque se espera que sea vendido o reasignado a un nuevo propósito.