Una empresa de medios que operaba como el brazo propagandístico del gobierno de Viktor Orbán ha iniciado el despido de 200 trabajadores. Tras salir de las oficinas, varios de los afectados relataron las presiones y los compromisos éticos que debieron asumir durante su empleo. Los testimonios destacan que muchos empleados optaron por guardar silencio ante situaciones incómodas o cuestionables. Asimismo, manifestaron haber sentido vergüenza por la naturaleza de su lugar de trabajo. Un dato relevante es que varios de estos trabajadores habían votado por el partido Tisza, posicionándose políticamente lejos de Fidesz. Estas declaraciones ponen de relieve la tensión interna y la falta de alineación ideológica en el centro de medios. El proceso de recortes masivos ha dejado al descubierto las grietas en la estructura de comunicación del gobierno húngaro.