El congreso del partido Fidesz se centró en la renovación y el rejuvenecimiento, pero resultó en la reelección de Viktor Orbán como presidente, sin oposición. Orbán reconoció el rechazo de los jóvenes hacia su figura, pero reafirmó su postura inflexible ante el cambio. El partido busca reorganizarse internamente, aunque analistas sugieren que esta estrategia busca desviar la atención de la falta de una respuesta clara a la creciente influencia de Péter Magyar. Magyar, figura emergente en la política húngara, aprovechó el evento para mantener su protagonismo mediático. El congreso evidenció la dificultad del Fidesz para abordar el desafío que representa Magyar y su impacto en el panorama político. La reorganización interna parece ser un intento de contrarrestar su popularidad sin modificar su ideología central.