Un experto señala que la reciente avalancha de mensajes negativos contra Argentina en redes sociales va más allá de la simple rivalidad deportiva. Investigaciones sugieren la posible participación de un reducido grupo de cuentas coordinadas que amplifican la indignación. Los algoritmos de las plataformas juegan un papel crucial, favoreciendo contenido que genera interacción, sin importar su veracidad. Esta manipulación no es gratuita; la indignación se ha convertido en una mercancía rentable. Los incentivos económicos podrían ser el motor detrás de esta campaña de desprestigio digital. El fenómeno plantea interrogantes sobre la influencia externa y la necesidad de regular las redes sociales para combatir la desinformación.