Una mancha de petróleo proveniente de un buque de la llamada "flota sombra" rusa ha llegado a las costas de Omán, generando preocupación ambiental. La extensión de la mancha ha crecido rápidamente, alcanzando los 2000 kilómetros cuadrados en tan solo unos días. La situación se complica debido a la inestabilidad global y las dificultades para movilizar recursos necesarios para la limpieza. Existe incertidumbre sobre si las labores de mitigación podrán iniciarse a tiempo para evitar daños mayores al ecosistema marino. Las autoridades omaníes evalúan el impacto y las posibles estrategias de contención. La fuente del derrame se atribuye a un buque de la flota rusa que intenta sortear las sanciones internacionales. El incidente subraya los riesgos ambientales asociados con las actividades de esta flota.