El portero mexicano Guillermo Ochoa protagonizó una emotiva despedida del fútbol en un partido contra República Checa. Tras el silbato final, Ochoa realizó una serie de gestos simbólicos, incluyendo una señal de la cruz y un despeje del balón hacia el cielo. Posteriormente, besó los postes de la portería en un gesto de agradecimiento. Antes de la tanda de penales, se le vio rezando en el campo. La actuación de Ochoa fue celebrada por sus compañeros, quienes lo levantaron en hombros en señal de reconocimiento a su trayectoria. El partido marcó el final de la carrera del legendario guardameta.
