Nueva York implementó una innovadora solución para la gestión de aguas pluviales en Staten Island durante la década de 1990. En lugar de construir costosos sistemas de alcantarillado subterráneo, la ciudad optó por revitalizar los humedales existentes. Esta iniciativa, conocida como "Bluebelt", integra infraestructura verde y gris para gestionar eficientemente el escurrimiento de agua. La estrategia no solo protege y expande áreas de humedales vitales, sino que también aumenta la resiliencia de la ciudad frente al cambio climático y la contaminación. El proyecto ha resultado en importantes ahorros económicos para la ciudad. El enfoque demuestra una alternativa efectiva y sostenible a los métodos tradicionales de drenaje.

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