Un restaurante de Pyongyang ubicado en el barrio coreano de Pekín opera como parte de una red estratégica. Este establecimiento tiene como objetivo principal canalizar fondos económicos directamente hacia el régimen de Corea del Norte. A través de este modelo de negocio, el gobierno norcoreano logra obtener divisas extranjeras en territorio chino. La actividad del local va más allá de la oferta gastronómica, funcionando como una herramienta de recaudación estatal. Este sistema de red de restaurantes permite al régimen evadir presiones económicas externas. El local se presenta como un espacio de cultura y cocina, pero oculta una función financiera crítica. Así, el establecimiento se convierte en un nodo clave para el sostenimiento económico de la dictadura.
