Corea del Norte ha condenado la reciente aprobación por parte de la administración Trump de la venta de armas a Corea del Sur, incluyendo misiles aire-aire de medio alcance. La reacción norcoreana califica la transacción como una provocación y una amenaza a la estabilidad regional. Pyongyang argumenta que la venta de armamento estadounidense socava los esfuerzos diplomáticos y aumenta las tensiones en la península coreana. El régimen de Kim Jong-un ha prometido fortalecer sus propias capacidades de disuasión como respuesta a esta acción. La declaración norcoreana no especifica medidas concretas, pero advierte sobre una posible escalada. Este incidente se produce en un momento de estancamiento en las negociaciones nucleares entre Corea del Norte y Estados Unidos. La venta de armas a Corea del Sur ha sido vista por algunos analistas como una señal de compromiso continuo de Washington con la seguridad de su aliado.