En agosto de 1185, Tesalónica, la segunda ciudad más importante del Imperio Bizantino después de Constantinopla, sufrió un devastador saqueo a manos de los invasores normandos. Este evento marcó un punto crítico en la historia de la ciudad y del imperio. El ataque fue particularmente brutal, dejando una profunda cicatriz en la memoria colectiva. Los detalles específicos de la masacre aún se estudian, pero la magnitud de la destrucción es innegable. El episodio representa un claro ejemplo de la vulnerabilidad de Tesalónica y del imperio en ese período. Historiadores consideran este suceso como uno de los momentos más trágicos para la ciudad y un duro golpe para el poder bizantino. La invasión normanda evidenció la inestabilidad política y militar que aquejaba al imperio en el siglo XII.