La invasión normanda al Imperio Bizantino, un episodio frecuentemente ignorado en la historia, representó una seria amenaza para la continuación del Imperio Romano de Oriente. Originarios de las incursiones vikingas y asentados en el norte de Francia, los normandos expandieron su ambición hacia el sureste europeo a partir del siglo XI. Buscando ampliar su influencia y obtener riquezas, los normandos lanzaron una serie de campañas militares contra los bizantinos. Estos conflictos, aunque menos conocidos que otras invasiones, infligieron importantes derrotas y pérdidas territoriales al Imperio Bizantino, debilitando su poderío militar y económico. La lucha contra los normandos contribuyó significativamente al declive gradual del imperio, allanando el camino para futuros desafíos y, eventualmente, su caída. El impacto de estas batallas se extendió por décadas, marcando un punto de inflexión en la historia bizantina.