En las últimas semanas, Rusia ha incrementado significativamente sus ataques con misiles y drones contra la capital ucraniana y otras ciudades importantes del país. Estos ataques no distinguen entre objetivos militares y civiles, impactando directamente en infraestructura esencial para la población. Entre los objetivos alcanzados se encuentran escuelas, hospitales, hoteles, centros de datos, trenes y puentes. Esta nueva estrategia parece enfocarse en hacer las ciudades ucranianas inhabitables, desestabilizando la vida cotidiana y forzando el desplazamiento de civiles. La intensidad y el alcance de los ataques sugieren un cambio en las tácticas rusas, priorizando el daño a la infraestructura crítica. La comunidad internacional ha condenado estos ataques, calificándolos como crímenes de guerra y violaciones del derecho internacional humanitario. El objetivo final de Putin parece ser socavar la resistencia ucraniana a través del sufrimiento de su población.