Nueva Zelanda podría estar entrando en una fase de vulnerabilidad digital, similar a la importancia estratégica del Estrecho de Ormuz. El crecimiento descontrolado de los centros de datos de inteligencia artificial y la creciente dependencia de proveedores de servicios en la nube extranjeros representan riesgos significativos. Esta dependencia expone al país a posibles crisis energéticas y a las repercusiones de conflictos globales. La falta de planificación y regulación en este sector genera preocupación sobre la seguridad energética y la autonomía digital de Nueva Zelanda. Expertos advierten que una interrupción en el suministro de energía o en los servicios en la nube podría tener consecuencias devastadoras para la economía y la infraestructura del país. Se necesita una estrategia nacional que priorice la resiliencia, la diversificación y el desarrollo de capacidades locales en el ámbito digital. Ignorar estos riesgos podría dejar a Nueva Zelanda excesivamente vulnerable en un mundo cada vez más conectado y conflictivo.