La reciente tragedia en Nepal no es simplemente un desastre natural, sino una consecuencia directa de la injusticia climática global. Mientras que ciudades como Londres y Nueva York pueden invertir en infraestructura para mitigar los efectos del aumento del nivel del mar, Nepal carece de los recursos económicos necesarios para protegerse del deshielo glacial. La disparidad económica impide que el país se adapte a los impactos del cambio climático que, paradójicamente, sufre desproporcionadamente a pesar de contribuir mínimamente a las emisiones globales. Esta situación pone de manifiesto la urgente necesidad de una mayor solidaridad internacional y de mecanismos de financiación que permitan a los países vulnerables como Nepal hacer frente a las consecuencias del calentamiento global. La falta de recursos agrava la tragedia y expone la desigualdad en la capacidad de adaptación al cambio climático. El caso de Nepal es un claro ejemplo de cómo el cambio climático afecta de manera diferente a distintos países, amplificando las ya existentes desigualdades globales.