Nepal ha comenzado a enterrar algunos de los cientos de cadáveres recuperados tras las devastadoras inundaciones, tras tomar muestras de ADN y marcarlos para que las familias puedan recuperarlos más tarde. La medida se toma debido a la tradición de cremación en Nepal, mayoritariamente hindú, considerándose los entierros como un almacenamiento temporal. El número de fallecidos ha ascendido a 752, y se espera que aumente a medida que continúan las labores de rescate y recuperación. Las autoridades buscan identificar a las víctimas para facilitar su posterior identificación y entrega a sus familias. Esta práctica inusual refleja la magnitud de la catástrofe y la dificultad de gestionar un número tan elevado de fallecidos. Se espera que las labores de entierro continúen mientras se evalúan los daños y se brinda asistencia a los afectados.

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