Tras el colapso del gobierno electo después del 9 de septiembre, el Ejército de Nepal se encontró en el centro de las negociaciones relativas a un nuevo gobierno. Las conversaciones se centraron en el futuro del Parlamento y la transición política del país. En esos cinco días críticos, el cuartel general del Ejército en Nepal se convirtió en el foco de la actividad política nacional. La situación surgió luego de la caída del gobierno, dejando un vacío de poder que las fuerzas armadas se vieron obligadas a llenar. La incertidumbre sobre el futuro político de Nepal pesaba sobre las discusiones. El Ejército de Nepal, inesperadamente, se vio en una posición central para determinar el curso de la nación, un papel que normalmente está reservado a los líderes civiles electos.