Una nueva opción de disposición final, la composición humana, está ganando terreno como alternativa a los entierros y cremaciones convencionales. Este proceso natural reduce el cuerpo a tierra utilizable, promoviendo un retorno a la naturaleza. La práctica, considerada ecológica, implica acelerar el proceso de descomposición natural del cuerpo. Los restos resultantes pueden ser utilizados para enriquecer suelos en jardines o para la reforestación. Defensores de la composición humana argumentan que es una forma más sostenible y respetuosa con el medio ambiente de honrar a los fallecidos. Aunque inusual, esta práctica ofrece una perspectiva diferente sobre el legado y la conexión con la tierra. La creciente conciencia ambiental impulsa la demanda de alternativas funerarias más sostenibles.