Durante el siglo XX, las selecciones nacionales de fútbol de Brasil y Argentina lograron una integración simbólica pocas veces vista en otras instituciones. En sociedades marcadas por desigualdades regionales y debilidad institucional, los Mundiales representaron momentos excepcionales de cohesión. Estos torneos ofrecían una experiencia única de unidad, trascendiendo las divisiones internas de ambos países. El artículo de Ana Tereza Duarte explora cómo la selección nacional llegó a representar al Estado en sí mismo, fomentando un sentido de pertenencia colectiva. Este fenómeno se produjo en contextos de fragilidad institucional y desafíos en la integración territorial. La selección se convirtió en un punto focal de identidad y orgullo nacional para ambos países.
