Las últimas agresiones mortales en Myanmar ocurrieron una semana después de que al menos 50 civiles perdieran la vida en el incidente más grave desde el inicio del conflicto en el estado de Rakhine hace casi tres años. El ejército de Myanmar fue responsable de la muerte de seis personas desplazadas internas (IDPs) en un reciente bombardeo en Rakhine. Este ataque incrementa la preocupación por la seguridad de los civiles atrapados en la zona de conflicto. La violencia en Rakhine ha ido en aumento, generando una crisis humanitaria y un creciente número de desplazados. La comunidad internacional ha condenado estos actos y pide un cese inmediato de las hostilidades. El conflicto en Myanmar continúa generando inestabilidad y sufrimiento para la población civil. Se teme que se repitan ataques similares en Rakhine.