La junta militar de Birmania está implementando tecnología de rastreo GPS y sistemas de alerta automatizados para controlar el suministro de combustible a las áreas controladas por la resistencia. Esta estrategia permite a las fuerzas armadas monitorear en tiempo real el movimiento de los camiones cisterna. Como resultado, estas regiones enfrentan un aumento drástico en los precios del combustible y una severa escasez. La medida busca ejercer presión sobre los grupos de resistencia, limitando su capacidad operativa. Observadores denuncian que este control del combustible es una táctica para asfixiar económicamente a la población en áreas no gubernamentales. La expansión de esta red de vigilancia intensifica la represión y la crisis humanitaria en el país.