Tropas del ejército birmano han asesinado a casi 30 civiles durante una ofensiva de tres meses para retomar un campo petrolero en Magway. La operación militar se centró en las localidades de Myaing y Pauk, causando el desplazamiento de decenas de miles de personas. Además de las muertes, más de 330 viviendas fueron incendiadas por las fuerzas del régimen. Este ataque forma parte de una estrategia más amplia para consolidar el control sobre recursos clave como el petróleo. La comunidad internacional ha condenado reiteradamente la violencia ejercida por la junta militar birmana contra su propia población. La situación humanitaria en la región es crítica debido a la falta de acceso a refugio y asistencia para los desplazados. Se teme que el número de víctimas siga aumentando si la ofensiva continúa.

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