El proyecto Optimus de Elon Musk, un robot humanoide destinado a realizar tareas manuales, ha enfrentado desafíos desde su concepción. Inicialmente, la presentación del robot se realizó con un disfraz, ya que no existía un prototipo funcional. Las primeras versiones de Optimus requerían control remoto por parte de empleados de Tesla, demostrando limitaciones en su autonomía. En una demostración, el robot tuvo dificultades incluso con tareas simples como distribuir botellas de agua, llegando a caer. Este incidente ilustra la brecha existente entre la visión original de Musk, una automatización completa del trabajo físico, y la realidad actual del desarrollo robótico. Si bien el objetivo sigue siendo ambicioso, los primeros pasos de Optimus han sido más torpes que prometedores. La compañía utiliza a sus empleados para entrenar y mejorar las capacidades del robot.