El columnista Cristóbal Karle explora el potencial de la escena musical, ejemplificada por bandas como Candelabro, Hesse Kassel y Asia Menor, para fomentar la reconstrucción de la comunidad y la conexión social. Argumenta que estas agrupaciones ofrecen alternativas al individualismo predominante y pueden servir como referentes de estilos de vida colectivos. Karle plantea este fenómeno como un desafío particular para sectores de izquierda, sugiriendo que podrían beneficiarse del impulso comunitario que genera la música. Subraya que el éxito de esta iniciativa no recae únicamente en los artistas o en el gobierno. En cambio, depende de un valioso y activo apoyo social hacia estas expresiones culturales. La música, según el análisis, puede ser un catalizador para fortalecer los lazos sociales y recuperar un sentido de pertenencia.