La investigación del asesinato de Ketan se basó en el análisis de más de 2,000 llamadas telefónicas realizadas por el sospechoso. Los registros telefónicos, combinados con un rastreo de 48 minutos, fueron cruciales para desmantelar la coartada del acusado. Las autoridades determinaron que la coartada presentada era falsa, lo que intensificó las sospechas. La evidencia apunta a una planificación premeditada del crimen. El análisis forense de las comunicaciones y la ubicación del sospechoso proporcionaron datos determinantes para el caso. Las autoridades continúan investigando los motivos detrás del asesinato y posibles cómplices. Este caso destaca la importancia de la evidencia digital y el rastreo en la resolución de crímenes complejos.