El juicio contra Lindsay Clancy, acusada de matar a sus tres hijos, terminó en un jurado dividido y, por ende, en un juicio nulo. El caso ha trascendido la esfera criminal para convertirse en un debate sobre las fallas del sistema de salud mental en Estados Unidos. El jurado no pudo alcanzar un veredicto unánime, lo que obligó al juez a declarar nulo el proceso. Ahora, la fiscalía deberá decidir si volver a enjuiciar a Clancy, considerar una alternativa o reducir los cargos. La defensa argumentó que Clancy sufría una severa enfermedad mental postparto en el momento de los hechos. El incidente ha puesto de relieve la necesidad de una mejor atención y apoyo para las madres con problemas de salud mental.