Morrissey ofreció un concierto en Dalhalla marcado por el retraso y una calidad variable en sus interpretaciones. A pesar de su historial de cancelaciones, el artista apareció, aunque tarde, en el escenario. Las nuevas versiones de sus clásicos no convencieron del todo, según la crítica. No obstante, el cantante aún conserva una notable calidad vocal que emotiva al público. El concierto se centró en la nostalgia, con un repertorio basado en sus éxitos pasados. La actuación dejó una sensación agridulce, entre la decepción por la ejecución y el impacto emocional de su voz.

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