La selección de Marruecos ha logrado un hito histórico en el Mundial, alcanzando las semifinales en Qatar y estableciendo un nuevo récord. Este éxito se atribuye en gran medida a una estrategia planificada durante décadas que involucra a la diáspora marroquí. Un ejemplo notable se observa en Nueva Jersey, donde en un momento dado llegaron a jugar once jugadores en el campo que no nacieron en Marruecos. Este fenómeno de la diáspora ha permitido a Marruecos ampliar su base de talento y fortalecer su equipo a nivel internacional. La selección aspira ahora a dar un paso más y conquistar el campeonato mundial. La estrategia de reclutar jugadores de ascendencia marroquí nacidos en el extranjero ha demostrado ser fundamental para su progreso.