El militante federal Lahbib Ballouk vivió aproximadamente un año escondido en una habitación secreta construida con la ayuda de su esposa en su casa de Kelmima, tras los eventos de Moulay Bouazza en marzo de 1973. En ese momento, las autoridades lo persiguieron acusándolo de participar en dichos eventos y fue condenado a muerte en ausencia. Esta habitación representaba una clara división entre dos mundos: afuera, un estado que lo buscaba, y adentro, una familia que intentaba mantener la normalidad. Ballouk enfrentó una sentencia de muerte debido a su activismo político. La historia revela un fragmento de la vida olvidada de un luchador por la libertad en Marruecos. La habitación secreta simboliza el miedo y la represión política durante ese período. Su caso pone de relieve las dificultades enfrentadas por los disidentes políticos en Marruecos.

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