El último informe de Perspectivas Económicas Globales del Banco Mundial prevé una desaceleración del crecimiento mundial, situándolo en un mínimo desde el inicio de la pandemia de COVID-19. El conflicto en Medio Oriente es un factor clave en esta previsión, impulsando al alza los precios de la energía y la inflación. Esto, a su vez, incrementa los costos de endeudamiento a nivel global. El Banco Mundial proyecta un crecimiento global del 2.5% para 2026, una cifra inferior a las estimaciones anteriores. La incertidumbre geopolítica y las tensiones comerciales también contribuyen a este panorama económico pesimista. Se espera que estas condiciones afecten negativamente a las economías emergentes y en desarrollo.