Durante la victoria de México, la atención se centró en un momento emotivo que eclipsó el resultado deportivo. El entrenador Javier Aguirre accedió a la petición de numerosos aficionados e incorporó al legendario portero Guillermo Ochoa al encuentro. La decisión generó una reacción eufórica entre los seguidores mexicanos, demostrando el gran cariño y respeto que sienten por el veterano guardameta. El ingreso de Ochoa, más allá de lo táctico, representó un homenaje a su trayectoria y una conexión especial con la afición. Aunque el partido ya estaba encaminado, la presencia de Ochoa en el campo fue el punto culminante para muchos espectadores. El gesto de Aguirre consolidó aún más la figura de Ochoa como un símbolo del fútbol mexicano.
