La llegada de Lionel Messi a Kansas City para el partido inaugural de Argentina en la Copa Mundial generó escenas de caos y desorganización. Los preparativos resultaron insuficientes para manejar la afluencia masiva de aficionados, provocando retrasos significativos. Numerosos espectadores no pudieron llegar a sus asientos a tiempo para el inicio del encuentro. Las autoridades locales se vieron desbordadas por la cantidad de personas que intentaban acceder al estadio. Se reportaron largas filas y congestión en las inmediaciones del recinto deportivo. El incidente plantea interrogantes sobre la planificación y seguridad de los eventos de gran magnitud en la ciudad. La situación afectó la experiencia de muchos asistentes al partido.