Expertos en psiquiatría expresan preocupación por la efectividad de la reciente inversión en salud mental en Nueva Zelanda. Argumentan que la ausencia de datos precisos sobre las carencias más urgentes y la falta de una planificación integral disminuyen el impacto de los fondos asignados. Consideran que la financiación actual se percibe como fragmentada y carente de una estrategia coherente. Los profesionales señalan que, sin una comprensión clara de las necesidades específicas y una planificación a largo plazo, los recursos podrían no llegar a quienes más los necesitan. La falta de información dificulta la evaluación del progreso y la optimización de los servicios de salud mental. Esta situación genera dudas sobre la capacidad de la inversión para abordar de manera efectiva la crisis en salud mental del país.