La empresa mediática Mediaworks, vinculada al gobierno de Orbán, ha anunciado el despido de 200 empleados. Los trabajadores afectados, al salir de las instalaciones, expresaron un sentimiento generalizado de malestar y compromiso con la integridad profesional. Muchos admitieron haber aceptado el empleo a pesar de sus reservas, priorizando la estabilidad económica. Varios declararon que, internamente, se vieron obligados a silenciar sus objeciones ante contenidos cuestionables. Algunos de los despedidos revelaron haber votado a la oposición, específicamente al partido Tiszapárt, lo que evidencia una disconformidad con la línea política de la empresa. Los despidos se producen en un contexto de creciente debate sobre la independencia de los medios en Hungría. La situación pone de manifiesto las tensiones entre la necesidad de empleo y la ética profesional en un entorno mediático polarizado.