El brote de sarampión en Guatemala, que alcanzó su punto máximo entre abril y mayo con un promedio de 2,200 contagios semanales, muestra signos de desaceleración. Aunque los casos nuevos están disminuyendo, las autoridades sanitarias enfatizan que el virus sigue activo y presenta un riesgo continuo para la población. La reciente curva descendente ofrece un respiro, pero no indica el fin del brote. Es crucial mantener altos niveles de vacunación para controlar la propagación de la enfermedad. Las autoridades continúan con las campañas de vacunación dirigidas a grupos vulnerables, especialmente niños pequeños. Se recomienda a la población estar atenta a los síntomas del sarampión y buscar atención médica inmediata en caso de sospecha.