Han transcurrido más de 14 años desde que 34 mineros fueron abatidos a tiros por la policía en Marikana, Sudáfrica, y sus familias continúan buscando justicia. El evento, considerado una de las mayores atrocidades de la era post-apartheid, sigue sin resolverse en términos de responsabilidad penal. Las familias de las víctimas claman por que los responsables rindan cuentas por la pérdida de sus seres queridos. Además del dolor por la pérdida, persiste la lucha por condiciones laborales dignas en el sector minero. Los sindicatos también se mantienen activos en la búsqueda de mejoras en la seguridad y los derechos de los trabajadores. La masacre de Marikana sigue siendo un símbolo de desigualdad y la necesidad de justicia social en Sudáfrica. La impunidad continúa siendo una herida abierta para las familias y la sociedad.

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