En Manila, Filipinas, miles de personas se ven obligadas a vivir en los cementerios debido a una severa escasez de viviendas asequibles. Familias enteras han construido sus hogares entre las tumbas, convirtiendo estos espacios de descanso eterno en barrios improvisados. La situación es particularmente difícil para los niños, quienes crecen en estas condiciones precarias y enfrentan desafíos diarios como la falta de saneamiento y seguridad. En épocas de lluvia, incluso se ven obligados a buscar comida en las alcantarillas, exponiéndolos a riesgos para su salud. Este escenario refleja la profunda desigualdad social y la crisis habitacional que afecta a la capital filipina y destaca la necesidad urgente de soluciones habitacionales asequibles. La vida en los cementerios se ha normalizado para muchos, pero resalta una realidad indigna en pleno siglo XXI.

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