El esperado debut de México en el Mundial no generó la asistencia prevista en Winston-Salem, Carolina del Norte. A pesar de la promesa de un ambiente festivo, la afluencia de aficionados mexicanos fue significativamente baja. Simon, un organizador, había anticipado la llegada de 500 seguidores, pero solo se congregaron alrededor de 40 personas. La falta de público contrastó con las expectativas de una gran celebración en territorio estadounidense. Las razones de esta escasa asistencia no fueron detalladas en el reporte. La situación evidenció un marcado contraste entre la anticipación y la realidad en el inicio de la participación mexicana en el torneo. El evento, lejos de la "fiesta" esperada, se caracterizó por la notable ausencia de aficionados.