Un traductor veterano de cómics, fanático de Asterix desde la infancia, se encontró con una pregunta inesperada que lo dejó sin respuesta. Su amor por las historietas comenzó desde temprana edad, llegando a leer sus ejemplares hasta que se desintegraban. Con el tiempo, como muchos, transitó hacia la lectura de literatura más “seria”, dejando atrás los cómics. Sin embargo, la pregunta recibida lo confrontó con su pasado y su dedicación a la traducción de estas obras. El artículo sugiere una reflexión sobre la evolución de los gustos personales y el impacto que pueden tener las experiencias infantiles. El enigma planteado permanece sin resolver, dejando al lector con la intriga de saber cuál fue esa pregunta imposible. Se plantea un interrogante sobre la conexión emocional del traductor con su trabajo.

English
Français
Español
हिन्दी
中文